Las larvas de los sapos, llamadas renacuajos, comen plancton (microorganismos acuáticos), restos de animales y plantas.

Los sapos adultos se alimentan mayoritariamente de insectos. Además consumen lombrices, arañas, gusanos, caracoles, ciempiés, milpiés, huevos de ranas (sorprendentemente regurgitan las ranas recién nacidas), roedores pequeños y pichones de aves.

Un sapo comiendo una lombriz.
Un sapo comiendo una lombriz.

Características de los sapos

Los sapos son anfibios que habitan en cualquier parte del mundo, excepto en las regiones árticas y en las zonas desérticas más áridas. Poseen cuerpo robusto, cabeza ancha, hocico corto y redondeado, ojos saltones, patas anteriores cortas y traseras más largas, piel áspera y seca (a diferencia de las ranas que tienen la piel lisa y húmeda), y glándulas parotoides detrás de la cabeza (que secretan un líquido tóxico e irritante). Su color es variable, encontrándose ejemplares en tonalidades verdosas, amarillentas, pardas y grisáceas.

Son animales de hábitos crepusculares y nocturnos, si bien en tiempo lluvioso y de calor suave pueden aparecer a pleno día. No suelen desplazarse demasiado para conseguir alimento, y el sistema de caza es más bien sedentario: consiste en apostarse, paciente y asombrosamente inmóviles, esperando a que las presas pasen cerca, es entonces cuando con gran velocidad sacan su lengua protráctil, la que posee un líquido viscoso al que quedan pegadas las presas.

Un sapo cazando un insecto.
Sapo cazando un insecto.

Los renacuajos (fase larvaria) tienen vida acuática, mientras que los sapos adultos son terrestres o semiacuáticos. Todos los sapos se reproducen en el agua, donde la hembra va poniendo los huevos y el macho descargando el esperma sobre los huevos para fecundarlos. Luego de un promedio de 15 días, los huevos aun con vida se incuban. Finalmente, los huevos se convertirán en renacuajos y luego en sapos. Los sapos tienen una vida media de unos 10 años, y su longevidad máxima es de 30 años.

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