¿Cómo se llama el caballo de Don Quijote?

El caballo de Don Quijote se llama Rocinante.

A Don Quijote le costó mucho elegir el nombre a su caballo. Pasó cuatro días pensando y luego de imaginar varios nombres, eligió Rocinante, “nombre a su parecer, alto, sonoro, y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que era ahora, que era antes y primero de todos los rocines del mundo”.

Rocinante, el caballo de Don Quijote

Rocinante era un caballo viejo, delgado, con los huesos marcados, que aparentaba no poder hacer mucho pero que formó un muy buen equipo con Don Quijote. No era un caballo de gran linaje, pero fue un excelente amigo y fiel compañero de Don Quijote, sin el cual no hubiera podido recorrer la Mancha y llevar a cabo sus aventuras. Según Don Quijote era un excelente caballo de guerra. El combate contra los molinos de viento es un símbolo muy elocuente que ha sido usado como ejemplo de lucha desigual en casi todos los países.

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Ilustración de Don Quijote y Sancho Panza

Rocinante, un símbolo de la supervivencia del hombre

El caballo de Don Quijote por encima de todo, representa el símbolo del “caballo ignorado”, de esos millones de animales que facilitaron la supervivencia del ser humano, el triunfo, avance de la humanidad o el retroceso de las civilizaciones, el rompimiento de las fronteras. Todo esto desde la entrega, el agotamiento y el silencioso sufrimiento. Rocinante no es el caballo bien cuidado, bien comido y ejemplar con la capacidad de procrear “pura sangre”, sino el que tenía más huesos a la vista que un esqueleto y el que tenía más cuartos que un real de no probar cebada. A pesar de ello es un personaje que siempre está presente en la obra con bastante fuerza.

Bautizo de Rocinante

Se cuenta en el libro El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha del autor Miguel de Cervantes y Saavedra, que el Quijote tardó 4 días en asignarle un nombre a su corcel: cuatro días en los que estuvo imaginándose sobre el nombre que le asignaría. Luego de pensar en muchos nombres que creó quitó y borró, deshizo, añadió y tornó a realizar en su imaginación y memoria; finalmente vino a llamarle Rocinante, nombre que le pareció sonoro, alto y revelador de lo que él había sido como rocín, antes de lo que era ahora, era antes y original de todos los rocines en el mundo.