El caballo de Don Quijote se llama Rocinante.

A Don Quijote le costó mucho elegir el nombre a su caballo. Pasó cuatro días pensando y luego de imaginar varios nombres, eligió Rocinante, “nombre a su parecer, alto, sonoro, y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que era ahora, que era antes y primero de todos los rocines del mundo”.

Rocinante era un caballo viejo, delgado, con los huesos marcados, que aparentaba no poder hacer mucho pero que formó un muy buen equipo con Don Quijote. No era un caballo de gran linaje, pero fue un excelente amigo y fiel compañero de Don Quijote, sin el cual no hubiera podido recorrer la Mancha y llevar a cabo sus aventuras. Según Don Quijote era un excelente caballo de guerra. El combate contra los molinos de viento es un símbolo muy elocuente que ha sido usado como ejemplo de lucha desigual en casi todos los países.

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Ilustración de Don Quijote y Sancho Panza

 

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